En 1937, Howard A. Aiken, de la Universidad de Harvard, empezó a trabajar en el diseño de una máquina calculadora totalmente automática en colaboración con IBM. Este ordenador electromecánico se terminó de construir en mayo de 1944 y se conoce con el nombre de Automatic Sequence Controlled Calculator (ASCC) o Mark I. Fue donado a la Universidad de Harvard. La tecnología necesitó más de un siglo para retomar las ideas de Babbage.

El Mark I era enorme y muy complejo. Medía 16 metros de ancho y 2,4 metros de alto. Contenía más de 700.000 piezas y se usaron en su construcción más de 800 kilómetros de cable. Ejecutaba cinco operaciones básicas: suma, resta, multiplicación, división y tabla de referencias. Era bastante lenta (hasta más de un minuto por cálculo), pero fue todo un logro en su época.

El Mark I usaba cintas perforadas con instrucciones de operación. Cada instrucción se dividía en dos partes: la primera indicaba el tipo de operación y la segunda la posición de almacenamiento del número con que se iba a operar y dónde se volvía a almacenar en su nuevo formato.